Moragas, el 29 de Diciembre

Nos cuenta Gabriel Cara:
Tenemos pocas referencias escritas sobre Las Moragas. Lo que se sabe es por la transmisión oral por mis antepasados desde hace casi 200 años. Mi madre me explicaba que su bisabuelo (nacido a principios del S.XIX) ya hablaba de estas fiestas que los roqueteros celebramos con gran cariño actualmente. Hay documentos que dicen que “MORACA” es una palabra que proviene del árabe y que consistía en un asado que se hacía de frutos del campo. Los motivos de la celebración de esta fiesta no los conocemos realmente, pero después de unas investigaciones creemos que esta fiesta era consecuencia de la terminación de un ciclo de pesca.
La pesca se dividía en dos ciclos: oscuro y luna. El final del ciclo de luna coincidía con el final del año, y se aprovechaba para reparar barcos, artes y redes.
El documento más antiguo en el que se refiere a las moragas data de primeros de S.XX, en el que los pescadores del pueblo, visitan al alcalde para que les diera algún dinero para comprar pescado por que hace muy malos tiempos y no podían ir a pescar, por lo tanto no pueden moragar.
El alcalde les da 10 pesetas. Al día siguiente, volvieron a visitar nuevamente al Sr. Alcalde para decirle que no hay pescado en ninguna parte, que el temporal les afecta a todos. El Sr. alcalde les da nuevamente 15 pesetas para que compren un carnero y que en vez de moragar con pescado como era la tradición, lo hicieran con carne.
En el desarrollo de la fiesta, se reúnen las familias y amigos, sobre las 12 del mediodía y se empieza a preparar la lumbre. El combustible de esta eran las algas tipo “gallo”, estas algas le daban al pescado un sabor y olor a marisco. Primeramente se hacían las migas y después se asaba el pescado y todo esto se acompañaba de rábanos, aceitunas y productos del cerdo. Como aperitivos se tomaban salazones.
En torno a la sartén se situaban los comensales, cada uno con un rábano en la mano y la cuchara en la otra. El rábano se pelaba con el rabo de la cuchara. A partir de ese momento, comienza a correr el porrón de vino de mano en mano, la garrafa y el botijo del agua. Para final de la comida teníamos el pan de aceite, los mantecados, el aguardiente y anís.
Cuando la fiesta estaba en todo su apogeo, suena la musiquilla de las zambombas, las panderetas, las carrasquillas, que en la mayoría de los casos se tocaba con botellas de anís del mono. Las canciones eran navideñas pero con el toque roquetero.
Como colofón a estas fiestas no podía faltar el baile, bien en las tascas del puerto o las pandillas armadas con guitarras y bandurrias en cualquier sitio formaban la juerga. Algunos terminaban bañados en el mar.
Hoy día ha habido mucha transformación, no se utilizan las algas, los alimentos son más refinados pero la alegría sigue siendo la misma y el motivo es lo importante: Recordar esta fiesta tan entrañable para todos nosotros.

Desde estas letras, rindo homenaje a aquellos roqueteros y roqueteras que con tanto cariño celebran estas fiestas que llevamos todos tan dentro, y a su vez animo a todas las personas que no son de aquí, que la celebren también ya que forma parte de nuestra historia y cultura.