Fábrica de sal: “Sal Frepa”

Desde primeros del siglo XX, empezó a gestarse una idea de producción, transformación y venta de sal de calidad. Una de las mayores dificultades era su expansión, es decir su distribución, ya que el mercado del salazón y del ganado estaba agotado. El mercado que aún no había sido explotado era el consumo doméstico ya que la sal en la cocina tenía mucha humedad y se apelotonaba. Respecto a esto se hicieron pruebas de lavado con agua dulce, secado al sol y después de todas las pruebas no había forma de conseguir nada. Un día, a un roquetero “José Bonachera Jiménez”, carabinero de profesión, se le ocurrió probar el sistema del tostado de café. El resultado fue fantástico pero económicamente no era rentable por el gasto de calor y trabajo. También se hizo la misma prueba pero sin calor, para evitar dar vueltas al bombo manualmente se le aplicó un motor eléctrico y a partir de aquel momento, se siguió practicando la “centrifugación”. Se unieron dos socios, Fresno y Payán, de ahí viene el nombre de la empresa “FREPA”, con el apelativo “la mejor sal de mesa”.
Fresno era capitán de carabineros y Payán, gerente de las salinas de San Rafael de Roquetas. Eran los años 20, se instalan en la calle del Sol en el Barrio de Abajo. Esta casa tenía grandes corralones, pero no eran las instalaciones apropiadas para tal fin. Se empieza a comercializar la sal envasada tanto en saleros de cartón como en latas litografiadas. Tanto las latas como los paquetes con el nombre de Frepa y Roquetas llevan litografiados paisajes de salinas y palmerales de este pueblo.
Hay una gran demanda del producto y dado su éxito, se trasladan las instalaciones a un cuartel viejo de Caballería que hay en la calle Juan Bonachera , además se incorporan dos socios nuevos, Pelegrín, y Yánez, esto hace que aumente el capital y aumenta la producción. La incorporación de los nuevos socios dio un gran empuje, se montaron nuevas máquinas, se compró un camión para el reparto, se vendía todo los que se producía. El negocio pedía más estructuras e intentaron dar un gran salto. Participaron en la Exposición Universal de Barcelona. Los dueños y socios se apartaron del negocio dejándolo en manos de los empleados y del gerente. Trabajaban 20 mujeres del pueblo en el envasado de sal en latas. La inversión realizada en propaganda fue uno de los orígenes del fracaso de la fábrica, la expansión llegaba al extranjero. Se hacían lápices, tarjetas de bordado, secantes de oficina, libros, libretas para bares y restaurantes, ceniceros, etc.… Llega el declive, las deudas empiezan a aflorar y todos son gastos, bajaron el jornal de las mujeres de 2 pesetas al día a 1,50 y la jornada de ocho horas pasa a ser de diez horas, las que trabajaban con el agua hasta la espinilla. En una ocasión, Juan López denunció este abuso (salió en la presa). Fueron multados. La fábrica fue abandonada y una noche unos jóvenes entraron a fumar a escondidas y no se sabe como, se quemó todo.