La añoreta, el pocico y los cuartelillos

En Roquetas ocurrió singularmente que varios cortijos crecieron simultaneamente dando lugar a varios barrios, “La nueva población de Las Roquetas”, en plural: La Añoreta, los Cortijos de Marín, Barrio de Abajo, el Puerto, y las Salinas Viejas.
En la era Moderna, sobre el año 1737, y a un cuarto de legua del Castillo de las Roquetas se fundan unos cortijos, pero dos décadas después ya se puede hablar de “Lugar”, unas casas sencillas, humildes, ya agrupadas, donde hoy encontramos las calles de San Juan, Huerto, Celador y la Norieta.
Como centro neurálgico de este barrio originario ha permanecido siempre “el pocico” de la Anorieta, norieta pequeña, punto de captación y aprovisionamiento de agua potable durante casi trescientos años. Y que estaba situado en el callejón detrás del hostal Moya. El pocico de la Rondeña, como le gusta llamarlo a Gabriel “el nene”, estaba metido en un cuarto techado pero abierto a la calle, donde se sacaba el agua y se llenaban los cántaros por unas “perragordas”.
Sabemos por nuestra tradición oral que “los cuartelillos” estaban aquí, en la calle Celador o Norieta probablemente; tenemos muchas preguntas sobre su existencia y algunos indicios sobre su localización.
Ante la necesidad imperiosa de viviendas que requería “la nueva población de las Roquetas”, hablamos de 1777, Don Miguel Cambronero, hombre puediente con muchos posibles y una gran finca en Roquetas, construyó una posada y junto a ésta edificó 23 viviendas, también hizo a su costa un molino harinero, varias huertas con norias, un horno de poya, trajo un maestro de primeras letras, etc.
Cuenta Gabriel Cara que probablemente hubo una posada en la calle Norieta (detrás del antiguo Bar Cocodrilo), y ya en la propia calle Celador aún hoy podemos apreciar varias casillas construidas de forma uniforme, todas con las mismas medidas, de unos 9 metros cuadrados, con una puerta, una ventanilla al exterior, y otra en el techo, caben exactamente unas doce viviendas de estas medidas a cada lado de la calle, asemejando un cuartel, y puede que se les conocieran como los cuartelillos por su distribución acuartelada o por estar ocupadas en principio por soldados del castillo o de la Caballería de la Costa.
Sin embargo en el diccionario geográfico de Madoz de 1845, se cita, efectivamente un cuartel caido en la entrada “oriental” del pueblo de Las Roquetas, refiriéndose a algún cuartel cercano a la anorieta (hipótesis manejada por Gabriel Cara González), siendo quizá llamado los cuartelillos por su pequeño tamaño.
Ya a mediados del siglo XIX aparecen “los cuartelillos” como distrito electoral del centro de Roquetas, con motivo de unas elecciones.
Buscando los cuartelillos, Bienvenido Frías nos recuerda la aparición de dos cañones de pequeño calibre en un desescombro realizado en la plaza de Los Gallardos, hoy doctor Marín, antes de entrar en la calle Huerto, era la casa del enigmático “niño gordo” (siglo XX), que según contaba Carmelina González Sánchez, éste era coleccionista de antigüedades y experto en palomas mensajeras. Era una casa con una cruz de piedra de grandes dimensiones en la fachada, creímos encontrado el cuartel, pero no, tanto los cañones por su descripción como la cruz pertenecían al Castillo de Santa Ana. Probablemente es la cruz que estaba en el centro de la Dehesa del Castillo, y que fue trasladada junto con los cañones a esta casa de enjundia.
Y en el siglo XX todos recordamos con cariño la evolución de los lugares de reunión propios de un barrio de trabajadores, que han acompañado a distintas generaciones de roqueteros: el bar restaurante Cocodrilo, el hostal Moya, y en el corazón mismo de los cuartelillos el bar Tesoro, después el Calipso II, y en la calle San Juan el pub Garito.
Agradecemos la colaboración de Bienvenido Frías y Francisco Rodríguez del Águila.

Autor: Gabriel José Cara Rodríguez.

Presentación de las siguientes fotografías:
1ª Cruz encontrada en el Castillo, situada después en plaza Los Gallardos.
2ª Conjunto de casas y vecinos de La Añoreta.
3 Conjunto de casas y vecinos de La Añoreta.